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“La Iglesia paraguaya debe buscar la autenticidad de la vivencia evangélica”
El flamante cardenal López sostiene que en Paraguay "hay mucha iglesia y a veces poco reino, el reino de Dioses es un reino de paz, justicia, libertad, vida, verdad y amor".

Internacionales: 06 de oct de 2019
notas

Solo cien metros nos separan de la frontera con Italia. Dos puestos de guardias suizos, vestidos a la usanza tradicional que no ha cambiado en siglos, custodian la Puerta de Santa Ana, por donde se accede al interior del Estado más pequeño del mundo, pero a la vez de una tremenda influencia, especialmente sobre un sexto de toda la humanidad que profesa el cristianismo católico romano. El edificio es sobrio, pero expele autoridad. En el segundo piso la Pía Sociedad de San Francisco de Sales tiene una comunidad desde hace décadas y es allí donde monseñor Cristóbal López pernocta cuando está en la Santa Sede.

La habitación es austera, pero amplia, con un escritorio de un lado y placard del otro. Una ventana da a una calle empedrada interna y la paz de las casas religiosas reina en su interior. Colgado de percheros se observan las dos sotanas prestas para ser usadas. Una es negra con bordes rojos y la otra hace gala de un rojo intenso que llaman púrpura o escarlata y que es el color por excelencia de los príncipes de la Iglesia. Encima de una silla próxima reposan la faja, el solideo y las medias, todas pulcramente planchadas como tablas y listas para ser utilizadas. Un poco más allá, sobre la cama, se observan la birreta y el gran crucifijo con su cordel bicolor. Faltan pocas horas para que monseñor Cristóbal López sea ungido cardenal por el papa Francisco, pero él se muestra distendido, los nervios no hacen mella en su claridad de pensamiento. Es en este ambiente de paz donde me responde con esa sinceridad tan propia de él y que es una de sus características principales.

–¿Cuáles serían los aspectos a reforzar para lograr una mayor y mejor evangelización y, sobre todo, que se potencie la credibilidad en la iglesia paraguaya?

–El papa Francisco nos pide dejar de ser una iglesia que se hace el centro de todo en lugar de estar al servicio del reino de Dios. Algo que sucede en países como Paraguay, donde la mayor parte de la población se considera católica, es que hay mucha iglesia y a veces poco reino, el reino de Dios es un reino de paz, justicia, libertad, vida, verdad y amor. Es muy chocante que en países mayoritariamente católicos haya un nivel de corrupción, un nivel de robo, de desigualdad social y económica, haya una falta de respeto grande a la vida, haya falta de libertad y, en fin, todas estas cosas que son necesarias para poder decir que Dios reina.

–¿Entonces qué debe hacer la Iglesia?

–La iglesia en Paraguay, como en todas partes, tiene que olvidarse un poco de sí misma, no estar buscando clientes o adeptos, no preocuparse de si somos muchos o somos pocos y buscar más la autenticidad de la vivencia evangélica de cada cristiano para que el reino de Dios se haga realidad, y eso no es cuestión de obispos ni de curas, eso es cuestión de cristianos, cada cristiano tiene como tarea y misión llevar el evangelio a las distintas realidades humanas. Debe haber una vocación de transformar el mundo haciendo que sea un mundo de hermanos, haciendo que sea el mejor de los mundos que podemos dejar a las generaciones futuras, esa es la mejor evangelización. Elegí como lema episcopal “Venga a nosotros tu reino, Señor”, pedimos al Señor que nos lo envíe, pero al mismo tiempo nos comprometemos en construirlo nosotros con nuestro trabajo día a día.

–¿Cómo se dio la relación con Paraguay, por qué escogiste ir en misión a nuestro país?

–Era muy normal en aquel tiempo, estamos hablando de hace ya 35 años, se pensaba que toda América Latina estaba constituida por países selváticos en los que todavía se encontraban leones, tigres, serpientes y marchar a uno de esos países era marchar hacia el peligro, esta era la idea que muchos tenían por desconocimiento. Yo no elegí ir a Paraguay, a mí me enviaron al Paraguay, yo me ofrecí a mis superiores para ir a cualquier país donde la congregación estuviese presente, soy salesiano, hijo de obediencia. Mi superior general y provincial me dijo que mi respuesta era una respuesta de Dios a una novena que estaba haciendo, pidiendo misioneros para Paraguay, así que te vas a Paraguay. Yo conocía apenas a una persona en Paraguay que había sido profesor mío, que vive todavía, es el padre Ascencio Zabala, ya mayorcito y enfermo en Fernando de la Mora, entonces llegué a Paraguay el 15 de octubre de 1984 conociendo solamente a una persona y porque me habían destinado allí, sin conocer nada de Paraguay. Entonces, esa fue la génesis de mi vida paraguaya, nunca elegí los lugares en los que he estado, no elegí Paraguay como no elegí Marruecos, como no elegí Bolivia, como no elegí volver a España y volver a Marruecos, siempre me he dejado llevar.

–¿Eso de dejarse llevar es un lema en su vida?

–Yo siempre tuve la inquietud, más social que espiritual, de compartir la vida con los más pobres, es decir yo me di cuenta de que el mundo se dividía en unos pocos que tenían mucho y en unos muchos que tenían poco y me di cuenta de que ese problema yo no lo podía resolver, pero saqué una conclusión: ya que no puedo solucionar este problema, por lo menos voy a vivir mi vida al lado de los que sufren el problema y no al lado de los que causan el problema. Por eso mi opción de vida fue ir a un país, de los que llamábamos en aquel entonces de misión, era decir voy a estar al lado de los más pobres, de los más necesitados, voy a ir allí donde se sufren ciertas carencias, no donde sobran los alimentos y hay mucha abundancia. Me he dejado llevar siempre y tengo que seguir dejándome llevar porque este sistema funciona cuando uno elige el lugar. Si las cosas van mal con su pan, se lo come porque lo eligió. Sin embargo, yo cuando tenía alguna dificultad me volví hacia Dios y le decía: señor, yo no vine aquí cuando me trajiste, así que ahora por favor me sacas las papas del fuego, ahora me ayudas porque eres tú el que me ha traído aquí, siempre me ha funcionado y estoy contento de este sistema y hasta hoy intento dejarme llevar.

–Cuando salió su nombramiento como obispo de Rabat, ¿tenía idea de que el Papa estaba preparando algo más para usted?

–Ciertamente yo no tenía idea ni el Papa la tenía tampoco porque cuando me nombró arzobispo de Rabat no me conocía. Él me nombró a proposición de la Congregación de Propaganda FIDE (Congregación para la Evangelización de los Pueblos), que es la responsable de preparar las propuestas de nombramiento de obispos de las zonas de misión como corresponde prácticamente a toda África, Asia y parte de América Latina. La primera vez que fui a saludar al Papa –una vez ya nombrado obispo– él me dijo: “Te nombré sin ponerte cara”, es decir que no conocía mi rostro, me nombró teniendo en consideración el informe que recibió, los papeles, el currículum, las opiniones sobre mi persona, dice, pero “después vi tu foto en una revista religiosa y ahora ya te conozco”.

–¿Cómo fue el primer acercamiento con el Papa?

–El Papa no tenía idea en ese momento de que se iba a organizar un viaje apostólico a Marruecos, fue allí en ese viaje donde pudimos hablar un poco, donde tuve el privilegio de acompañarle a lo largo de toda la visita y sobre todo en una visita a una obra social en la que en el mismo coche viajamos durante 50 minutos pudiendo hablar cara a cara. Puede ser que a partir de allí y de todo lo que pudo vivir en la visita a Marruecos ya se hiciese alguna idea, no de mi persona, sino de la realidad de la iglesia en el norte de África, como nosotros llamamos en el Magreb, una zona que comprende como Conferencia Episcopal cuatro países: Libia, Túnez, Argelia y Marruecos. Creo que él conoció nuestras iglesias y pensó que convenía hacer visibles unas iglesias que eran casi invisibles a pesar de tener un mensaje que comunicar y compartir con la iglesia universal. Mi nombramiento como cardenal creo que está en esa línea, el Papa ha querido hacer visibles nuestras iglesias que eran casi invisibles.

–¿Qué le motivó para adquirir la nacionalidad paraguaya?

–Un principio teológico muy profundo que es la encarnación. Dios envió a su hijo al mundo para que se hiciese igual en todo a nosotros, menos en las cosas malas, menos en el pecado. Ese principio de Cristo que se hace de él, la palabra eterna de Dios que se hace hombre, que adquiere una carne humana y que se encarna en una cultura y en un tiempo y en una geografía también me llevó a mí a intentar hacer lo mismo. Cuando yo llegué a Paraguay en 1984 yo llegué para quedarme toda la vida, no digo yo que no iba a volver a España, pero mi intención era hacer de Paraguay mi patria, mi país, mi iglesia, mi familia y desde el primer momento intenté, como se suele decirse, inculturarme al máximo, me interesé por conocer la historia de Paraguay, la geografía de Paraguay, las músicas, el idioma. En fin, me interesé por ser un paraguayo más. Por otra parte, me sentí aceptado, acogido, respetado, querido y a veces hasta adorado porque la gente me quiso mucho, entonces puede decirse que con el paso de los años me sentía un paraguayo. En los primeros años ni se me antojó pedir la nacionalidad porque nunca la hubiese querido recibir del dictador, así es que desde el 84 hasta el 89 no me planteé el pedir la nacionalidad, pero a partir de la caída del dictador me informé que era posible el tener la doble nacionalidad española y paraguaya por un tratado ya muy antiguo de los años 50 que establecieron ambas partes.

–¿Cómo fue el trámite para obtener esa nacionalidad?

Una amiga abogada, a quien quiero rendir homenaje, Kika Torres, se ofreció para hacer los trámites necesarios y se ofreció gratuitamente. Le puse una condición, que no hubiese ninguna coima a nadie. Que pagase lo que tuviese que pagar si era obligatorio, yo le resarciría, pero sin pagar coimas ni buscar privilegios. Como yo no tenía prisa ni era para mí una cuestión de vida o muerte o de necesidad, a mí no me servía para nada la nacionalidad, era una cosa afectiva, era una demostración de que yo me sentía paraguayo y que sentía que el pueblo paraguayo me había acogido como uno más dentro de él. Entonces duró el trámite dos años. Por ejemplo, en la policía tenía que hacer un sencillo trámite que era constatar mi domicilio y acercarse al Colegio Monseñor Lasagna a preguntar: ¿vive aquí el padre Cristóbal López? Le hubieran dicho claro vive aquí y ya está. Pero ese sencillo trámite duró seis meses y se destrabó porque un día fuimos Kika y yo a Boggiani, donde se hacían los carnés de identidad, y dijimos ¿qué pasa? Hace seis meses que los papeles están aquí, ellos dijeron no tenemos combustible para el vehículo, qué lástima, dije. Estaban esperando que nosotros dijésemos “cuánto costaría el combustible” y no lo dijimos. Y al final como no dimos nuestro brazo a torcer, es decir la coima, nos dijeron: ‘Bueno, también se podría solucionar viniendo con dos testigos’ y fuimos con dos testigos que dijeron que yo vivía en el Colegio Monseñor Lasagna y entonces la cosa se destrabó en esos seis meses. Un día coincidí con el presidente Wasmosy en un acto de las villas de Limpio y le dije: ‘Presidente, me han dado la nacionalidad y he tardado en obtenerla dos años y otros que la obtienen en 15 días’. Él me dice que en quince minutos la consiguen algunos. Así que el motivo por el cual yo quise obtener la nacionalidad no era por facilitarme la entrada en ningún país porque mi pasaporte español me daba en ese sentido muchas más posibilidades que el paraguayo, era un motivo casi sentimental, afectivo, como una demostración de que yo me había sentido acogido por ese pueblo paraguayo y yo también quería considerarme uno más entre todos los paraguayos.

–¿Cuáles serán los ejes de su trabajo ahora que es cardenal?

–El hecho de ser cardenal no va a cambiar mi vida, yo voy a seguir siendo arzobispo de Rabat y, por lo tanto, en la diócesis de Rabat. Vamos a seguir trabajando en las mismas cosas que teníamos proyectadas y pensadas. Concretamente uno, crear comunión, porque nosotros somos una iglesia muy católica, quiere decir muy universal, imagínense que los treinta mil católicos que somos provenimos de más de 100 nacionalidades, eso es muy bonito, pero cuando quieres crear comunión entre filipinos y norteamericanos, entre sudafricanos y europeos, entre gente del Congo y gente de Alemania no es fácil, entonces un empeño constante es crecer en comunión, crear comunión, vivir en comunión. Una segunda línea de acción pastoral es favorecer el diálogo interreligioso, es decir acercarnos, ser una iglesia en salida hacia el mundo musulmán y establecer relaciones en ese diálogo islamo-cristiano, eso es una tarea que nunca se acabará y en la que siempre se puede avanzar y profundizar. Una tercera línea de acción es la iglesia samaritana, es decir la iglesia del buen samaritano que se inclina hacia el que está caído, hacia el que está en necesidad para ofrecerle curación, servicio, consuelo sin preguntarle de dónde vienes, adónde vas, por qué estás así y qué has hecho para que te hagan esto. No, simplemente está herido, te curo; tienes hambre, te doy de comer; tienes sed, te doy de beber, pues esta iglesia samaritana está en acción ya, tenemos que continuar en nuestra diócesis de Rabat. Una cuarta línea que

continuaremos profundizando es la del ecumenismo, trabajamos codo a codo con las iglesias protestantes anglicana y ortodoxa, tenemos un instituto de teología ecuménico donde se estudia la teología cristiana protestante y católica, sobre todo en unión con el islam, es decir que se estudia el Corán, se estudia en el lazo los principales puntos del islam, la cultura musulmana, etcétera. Así que esas líneas y en definitiva la construcción de un mundo mejor del reino de Dios. Esto no va a cambiar por el hecho de que yo sea cardenal, es una forma de hacer visible todo lo que nosotros vivimos como cristianos en estos lugares y quizá me dé más fuerza y más posibilidades para profundizar y para ir hacia delante en esta tarea.

–¿Cuáles son los momentos vividos intensamente en Paraguay que recuerdas con particular cariño?

–Son tantas las cosas que se hace difícil individualizar, pero lo voy a intentar. A mí Paraguay me convirtió a la religiosidad popular, es decir me hizo descubrir el valor que tienen las devociones, sobre todo a la Virgen María bajo la advocación de Caacupé o de María Auxiliadora u otras. Me ayudó a descubrir lo que era la vivencia sencilla de la gente del pueblo, de la fe cristiana, eso me transformó y yo me volqué completamente al servicio de los jóvenes, ese sentido viví siete magníficos años como delegado provincial de pastoral juvenil recorriendo todo el país. Fui provincial, desde el 94 al 2010, eso fue una gran experiencia porque me tocó en animar a mis hermanos y gestionar las obras salesianas. Fui cuatro años director de Radio Cáritas y al mismo tiempo el redactor del semanario Sendero, colaborador de radios, televisiones y periódicos, o sea que en el mundo de la comunicación como periodista tuve mucho trabajo. Por nueve años fui director del boletín salesiano, fundador de la revista Onda Juvenil para jóvenes.

–¿Estuviste durante la visita del papa Juan Pablo II?

–La preparamos durante un largo año, me dio la oportunidad de conocer todos los medios de comunicación y a todos los periodistas del mundo del empresariado, tuve mucho contacto también con todas las diócesis, la red de las religiosas y religiosos, eso fue algo extraordinario. Creo que ha sido la campaña pastoral más exitosa y más intensa de toda la historia de la Iglesia paraguaya en ese año de preparación para la visita del Papa.

–¿Otras acciones puntuales durante tu presencia en Paraguay?

–Estar en la Confederación de Religiosos del Paraguay (Confepar), en la junta directiva primero como vocal, después como vicepresidente y después como presidente. Durante cuatro años asistí a todas las reuniones de la Conferencia Episcopal Paraguaya como vicepresidente y presidente de la Confepar, tenían los obispos esta gentileza de invitarnos a estar con ellos y eso me dio la oportunidad de conocerlos a todos, de escucharlos en sus intervenciones, etcétera. No podría olvidar el Festival Nacional de Teatro Juvenil, a partir de la extraordinaria experiencia del Musical Don Bosco, que fue representado cuarenta veces y fue visto por 20 mil personas, que me digan qué obra de teatro en Paraguay ha sido vista por 20 mil personas. Del Musical Don Bosco nació El festival de Teatro Juvenil que va a por su trigésima edición, treinta años después del 89 al 2019. Así es que en el campo cultural y de comunicación, en el campo social, político, en todos los

campos tuve oportunidad de desarrollarme. Pasé en el Paraguay de los 32 a los 50 años, es decir la edad de la madurez, de la etapa central de la vida, la edad en que uno da con todas sus energías, por eso disfruté muchísimo y nunca, nunca se me borrará de la memoria la extraordinaria experiencia que para mí supuso el vivir en Paraguay con los paraguayos.

El tiempo ha pasado volando y a lo lejos se escucha el cambio marcial de la Guardia Suiza. Monseñor atiende llamadas y felicitaciones que le llegan de tres continentes y en, por lo menos, cinco idiomas distintos… entre los que el guaraní no está ausente. Él se siente paraguayo y lo demuestra con creces. Lo suyo no fue un accidente, sino una elección bien pensada y madurada. También el Papa pensó y maduró la idea de hacer de monseñor Cristóbal López miembro del Colegio de Cardenales, que es el primer anillo en el gobierno de la Iglesia universal. Sus 67 años lo convierten automáticamente en elector y también en elegible ante cualquier posible cónclave que se pueda dar en un futuro cercano. De pronto, inesperadamente, este salesiano que se siente paraguayo o este paraguayo que se siente salesiano, está a un solo paso de ser papa. El futuro, ese inescrutable velo que nos esconde con malicia el destino, dirá en su momento lo que le depara el mañana a Su Eminencia.


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